El Presidente ocupa la cúspide de la estructura formal de poder, aunque otras estructuras informales y paralelas como el cónclave militar sea quien lo maneje, lo presione y ponga fin a sus funciones. La presidencia está investida, además de los poderes propios del jefe de Estado, de un número desmesurado de poderes: conducción de la política exterior y de defensa, poder legislativo, reglamentario y nombramiento y disciplina de la judicatura. Junto a los poderes habituales que un presidente tiene en un sistema presidencial (nombramiento y destitución del gobierno, dirección del mismo, poder de veto, prerrogativa de gracia, etc.), el presidente de Argelia posee poderes y mecanismos de actuación adicionales. Entre ellos se encuentran el poder legislativo o reglamentario, la dirección de la defensa y las relaciones exteriores, el nombramiento y disciplina de jueces, la iniciativa de revisión constitucional, el poder de convocar referenda y la prerrogativa de designar a 1/3 de los miembros del Senado.
RND: se crea a partir de dirigentes del frente liberación nacional, FLN protagonista de la independencia y partido único dirigente hasta la década de los 90 el golpe de estado de 1992. Utilizando otras estructuras cercanas al Estado se apoya entre otras organizaciones en el antiguo sindicato único (UGTA) o en organizaciones de antiguos combatientes.
El resto de partidos que se presentan son formaciones más pequeñas salidas del ala islamista “moderada” (legal) (MSP-ex Hamas y en-Nahda), del berberismo (FFS y RCD) o de la izquierda (Partido de los Trabajadores, PT (trotskista) y Movimiento Democrático Social, MDS, comunista).
Además esta el partido FIS, frente islámico de salvación, ganador de las elecciones municipales de 1991 e ilegalizado después del golpe de estado llevado a cabo por el ejercito en 1992. Actualmente sigue ocupando un lugar notable en el terreno político argelino.
El árabe argelino (ŷazairi) es la lengua materna de alrededor del 63% de la población. Forma parte del contínuum dialectal magrebí, fundiéndose con el árabe marroquí y tunecino en las zonas fronterizas. Por consiguiente, el árabe argelino está formado por dialectos locales con distintas formas de pronunciación y grados de mezcla con otros lenguas, como pueden ser turco, castellano, lenguas bereberes o el francés. Es interesante por ser el único dialecto árabe en emplear algo que se asemeja al verbo “ser” en presente: la partícula rā que coge sufijos personales (rānī = yo soy). Saludos universales incluyen Ki rāk?, Wesh rāk? O incluso, y por qué no, Ça va?
No hay cifras oficiales sobre el numero de hablantes de lenguas bereberes, pero giraría en torno al 20 – 25% de la población. La lengua materna de alrededor de 5 millones de argelinos es el cabileño (taqbaylit), sobre todo en la Gran y Pequeña Kabylia. La geografía de esta zona – montañas nevadas, abundantes lluvias y densos bosques, su densidad de población, modelo tradicional de tenencia de tierras, estructuras de parentesco y tribales, experiencia particular de la colonización, proximidad a la capital y altas tasas de migración a Francia hacen que los cabileños sean en buena medida diferentes de los demás bereberes y dominantes en el movimiento amazighista.
La Sierra de la Djurdjura, Gran Cabilia.
La lengua chaoui (tachawit) tiene entre 3 y 4 millones de hablantes en las montañas del Aurès, en el este de Argelia. Los chaouis no sigueron las revueltas que encendieron Cabilia en los 1980 y 1990, ni votan a los partidos “bereberes” con base en Cabilia (FFS y RCD). De hecho, en 1990 el Aurès mostró simpatías islamistas – con el voto repartido entre FIS y FLN, algo impensable en Cabilia. La región también es una cantera tradicional para el ejército.
El chenoua (haqbaylith), está ubicado en las montañas al oeste de Argel en Tipaza y Cherchell. Dialectos del rifeño (tarifit) se hablan en zonas montañosas de Tlemcen, Sidi Bel Abbès y Arzew. Entre las lenguas bereberes del sur, se encuentran el tumzabt, originaria de los oasis del M’zab en la wilaya de Ghardaïa y Ouragla y el tuareg (tamahaq) en el macizo del Hoggar.
Una verisón estándar de los dialectos bereberes del norte, muy influenciada por el cabileño, existe bajo el nombre general de tamazight (lengua de los amazighes o bereberes). En los últimos diez años, Argelia ha avanzado bastante en el reconocimiento de su diversidad lingüística: se abrió un Instituto de Estudios Amazighes en la Universidad de Tizi Ouzou en 1990, se inauguró un telediario en tamazight en la cadena de televisión estatal (ENTV) el año siguiente, seguido por el comienzo de la enseñanza del tamazight en institutos en 1995. La revisión constitucional de 1996 reconoce la identidad bereber como uno de los tres elementos constituyentes de la identidad nacional (junto con el árabe y el Islam) y en 2002 el presidente Bouteflika declaró el tamazight “lengua nacional” – sin embargo este estatus simbólico dista mucho de la deseada oficialidad.
Notablemente hostil al reconocimiento del tamazight como lengua oficial, Bouteflika ha magnificado la dimensión del tema lingüístico para dibujar un cordón sanitario de particularismo alrededor de Cabilia, ocultando el hecho de que las sucesivas revueltas que allí tienen lugar reivindican sobre todo un cambio democrático en Argelia y el final del gobierno arbitrario, para así evitar su contagio al resto del país.
Los que estudiamos la región tendemos a caer en la tentación de etiquetar los países del Magreb como países árabes, reproduciendo perezosamente las categorías identitarias ideadas por sus élites. En realidad, la revuelta bereber del año 740 puso fin al dominio puramente árabe en Marruecos y Argelia para siempre; desde entonces sólo ha habido mezcla. Es hora de que los estudios árabes tomen plena consciencia de esta realidad y den más atención a lo amazigh que el habitual tratamiento superficial que suele meter a todos en el mismo saco como si fueran un bloque homogéneo. ¿Opiniones?
La arabización dede una perspectiva bereber, por el caricaturista Bougharraf
La colonización fue un desastre para el alfabetismo en Argelia. Del 10% del presupuesto dedicado a la educación, sólo el 20% de esto se gastaba en la educación de los musulmanes y se promulgó una ley declarando el árabe una lengua extranjera. A pesar de escasos y tímidos esfuerzos de gobiernos de izquierdas en la metrópoli, en 1954 – tras 100 años de la “misión civilizadora” de Francia – el 86% de los hombres y el 95% de las mujeres no sabían leer ni escribir.
Desde el famoso lema nacionalista ideada por Tawfiq al-Madani en 1932, “el islam es nuestra religión, Argelia nuestra patria y el árabe nuestro idioma”, la afirmación de la identidad argelina estaba íntimamente vinculada al árabe. Tras la independencia, se hablaba de la necesidad de recobrar la auténtica identidad arabo-musulmana de Argelia a través del rechazo del francés. Esto se concretó en la constitución de 1963 y la arabización, una campaña de larga duración que quiso hacer la lingua franca del Machreq el idioma nacional de Argelia, implementado entre otros por el Ministro de Educación, Ahmed Taleb Ibrahimi. Alinearse con la arabización implicó identificarse con la ortodoxia revolucionaria, la autenticidad cultural y significó meterse con la clase media afrancesada, los burócratas y los cabileños.
La política se topó con serios problemas. La dificultad de encontrar profesores capaces de enseñar en árabe estándar hizo necesario la importación de maestros del Machreq. El desfase entre la progresiva arabización de la educación y la mucho más trabajosa arabización de la administración. Este último factor fue determinante en la creación de la división entre arabisants y françisants (personas educadas en árabe y francés respectivamente) y la enorme frustración de los primeros debido a la absoluta falta de salidas en el mercado laboral. Otro obstáculo fue la oposición de los cabileños – quienes vieron en la arabización la imposición de una identidad nacional arabo-musulmana uniforme en la que no estaban representados y quienes, desproporcionadamente representados en la administración, también temían por sus puestos de trabajo.
Una anécdota que resume bien el dilema argelino es el del primer presidente de Argelia, Ahmed Ben Bella, que pronunció un discurso en el aeropuerto de Túnez, antes de su triunfal vuelta a Argelia tras la independencia que terminó con un enérgico, “Nous sommes des arabes, nous sommes des arabes!”. No sólo es llamativo que lo dijera en francés, sino que entre las figuras que le acompañaban, se oyó un cabileño murmurar a otro compañero, “Ça va finir par être vrai…”.
La verdad es que el árabe estándar era totalmente incomprensible para la aplastante mayoría de los argelinos en los años 1960 y 1970; existen sectores que lo ve como una imposición ajena a la experiencia de los argelinos y reivindican el uso del dialecto, a diferencia de los que apoyan la extensión del árabe estándar como elemento culto unificador. Otros reivindican el uso el idioma del antiguo colonizador, que un escritor describió como su “botín de guerra”, mientras que algunos bereberes rechazan el árabe de lleno, viéndolo como una imposición que forma parte de una dominación cultural que habría existido desde las invasiones árabes. El debate lingüístico en Argelia refleja las fisuras y controversias que existen en torno a la identidad nacional y los interrogantes que plantean. Las preguntas arrojadas por la arabización se resumen ampliamente en las palabras de Kateb Yacine: “Si nous ne sommes pas des arabes, alors pourquoi nous arabiser? Alors si nous le sommes, inutile de nous arabiser.”
La verdadera árabe de Argelia, la que se habla en el mercado y en las cafeterías, es un crisol que mezcla sin ningún complejo árabe, turco, tamazight y español. Quizá la imposición del árabe estándar sea un proyecto voluntarista, a semejanza de la afirmación de Ben Bella en el aeropuerto de Túnez.
Véase Benrabah, Mohamed (1999) : Langue et pouvoir en Algérie. Histoire d’une traumatisme linguistique. París, Séguier.